PESADILLAS GÓTICAS | Jesús Palacios


LA PUBLICACIÓN DE PESADILLA BAJO LA LLUVIA RECUPERA UNO DE LOS NOMBRES OLVIDADOS DE LA FICCIÓN GÓTICA FEMENINA DEL SIGLO XX 

Libros 📚

PESADILLA BAJO LA LLUVIA. Naomi A. Hintze. Traducción de Shaila Correa. La biblioteca de Carfax. Madrid, 2026. 216 págs.

 

I

Romances góticos de ayer y hoy

 


no de los más interesantes y hasta diría yo que fascinantes momentos de la ficción de misterio de la segunda mitad del siglo XX fue cuando la novela gótica volvió con fuerza inusitada, a través de una nutrida serie de colecciones y títulos de bolsillo, que ofrecían tanto en su interior como en sus deliciosas y representativas portadas un retorno puesto al día al más genuino espíritu del género, en su vertiente netamente romántica y victoriana.

 

Originado en plena eclosión del libro de bolsillo (pocket book), efectivo continuador de las estéticas y éticas de la auténtica pulp fiction, este nuevo gótico popular, con sus modernas damas en peligro atrapadas en mansiones vetustas, rodeadas de acechanzas mortales, romances turbios y toda suerte de dudosos personajes indignos de confianza, renovaba con aroma de exploitation la tradición decimonónica llevada a sus más altas cumbres por autores como Wilkie Collins con La dama de blanco (1859) y Sheridan Le Fanu con El tío Silas (1864), herederos a su vez de la seminal obra de Ann Radcliffe (1764-1823), así como de las populares novelas epistolares de Samuel Richardson Pamela; or, Virtue Rewarded (1740) y Clarissa; or, The History of a Young Lady (1748). Punto y aparte por su acusada personalidad propia, aunque no por ello resultaran de menor influencia, merecen tanto Cumbres borrascosas (1847) de Emily Brontë, como la Jane Eyre (1847) de su hermana Charlotte.


Ann Radcliffe (1764-1823), la diosa madre del romance gótico

Grosso modo, la esencia que comparten todas estas obras y el elemento principal que las caracteriza, con sus diferencias y matices respectivos, es el retrato de una joven heroína víctima de intrigas, acechanzas y complots, que ponen en constante peligro tanto su vida como su virtud, a causa bien de su riqueza y posición social, bien de su belleza y juventud, generalmente de ambas cosas, en un ambiente de claustrofobia, paranoia y misterio que a veces roza lo espectral o sobrenatural, creando un clima de suspense psicológico cargado de erotismo oscuro, más sugerido que descrito, sensualidad y amenaza omnipresente.

 

Una atmósfera de terror más o menos sutil que se nutre de miedos y obsesiones femeninos, producto tanto de la represión social y sexual como de su propia naturaleza íntima, llevando a sus protagonistas a recorrer un peligroso camino de iniciación que, al hilo de la evolución de los tiempos, pasaría de culminar en el encuentro con algún atractivo galán salvador masculino (por más que al principio fuera un tanto sospechoso) a dotar a la heroína de habilidades, fuerza e inteligencia más que suficientes como para triunfar y salir airosa por sí misma de su enfrentamiento con el mal. Es decir: eso que ahora llamamos “empoderamiento femenino”. Lo más habitual, por supuesto, suele ser una desequilibrada mezcla de ambas cosas.

 


En cierto momento, estas características son las que definieron no una “rama” o un “subgénero” del gótico, sino el gótico mismo, hasta llegar al uso mucho más generalizado y polisémico del término al que nos hemos acostumbrado hoy. Partiendo del contexto histórico de la original novela gótica del siglo XVIII, tanto para los aficionados y conocedores como para el público y los lectores en general, lo gótico era básicamente esto: historias de damas en peligro, encerradas en grandes mansiones (o sus equivalentes), rodeadas de amenazas con un toque sobrenatural (habitualmente falso o equívoco), esqueletos en el armario, sospechosos múltiples y atmósfera cargada de implicaciones sexuales, donde se mezclan el terror psicológico, el misterio criminal clásico, el romance y un vago comentario social de fondo, generalmente más implícito que explícito. Después, esta variedad pasaría a ser más conocida y reconocida como “romance gótico”, diferenciándose así del resto de estilos o subgéneros del terror. Es decir: un género para chicas y maricas. O casi.

 

Rebeca (1940) de Hitchcock, sobre novela de Daphne Du Maurier, el romance gótico perfecto

Desde finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, este “romance gótico”, todavía sin etiquetar comercialmente como tal, se integró feliz y alegremente en el marco más amplio de la literatura de crimen y misterio, bajo distintos “disfraces” más o menos adecuados, como el del suspense psicológico, el melodrama criminal, el misterio histórico o el whodunit (¿quién lo hizo?), siendo cultivado por autores y, sobre todo, autoras (al extremo de que algunos de los primeros se travistieran de las segundas para asegurarse el éxito) como Louisa May Alcott, Mary Roberts Rinehart, Ethel Lina White, Charlotte Armstrong, Mignon G. Eberhardt, Daphne du Maurier, Georgette Heyer, Francis Iles (seudónimo de Anthony Berkeley Cox), Margery Lawrence, Mary Stewart, Anya Seton o, por supuesto, Victoria Holt.

 

Las adaptaciones cinematográficas de las novelas y relatos de estas escritoras (y escritores), con éxitos tan sonados como Rebeca (Rebecca, 1940), según Du Maurier, o Sospecha (Suspicion, 1941), según Francis Iles, ambas de Hitchcock; Luz que agoniza (Gaslight, 1944), de George Cukor, según la popular y seminal obra teatral de Patrick Hamilton; Laura (1944), de Otto Preminger, según Vera Caspary; La madona de las siete lunas (Madonna of the Seven Moons, 1945), de Arthur Crabtree, según Margery Lawrence; Misterio en la noche (The Unseen, 1945), de Lewis Allen, y La escalera de caracol (The Spiral Staircase, 1946), de Robert Siodmak, ambas según Ethel Lina White; El castillo de Dragonwyck (Dragonwyck, 1946) de Joseph L. Mankiewicz, según Anya Seton; Sin sombra de sospecha (The Unsuspected. Michael Curtiz, 1947), según Charlotte Armstrong; Mi prima Rachel (My Cousin Rachel. Henry Koster, 1952), de nuevo sobre Du Maurier; entre otras, darían lugar a un verdadero gothic noir o “noir para señoras”, como me gusta denominarlo, que contribuyó enormemente a la popularización de los tropos y estilemas característicos del género.

 

Victoria Holt, es decir, Eleanor Alice Hibbert (1906-1993)

Pero fue en 1960 cuando el enorme éxito internacional de la primera novela gótica firmada por Victoria Holt, La señora de Mellyn, disparó un renovado interés por este estilo. Victoria Holt era, en realidad, no un seudónimo de Daphne Du Maurier, como creyeron algunos en su momento, sino de Eleanor Alice Hibbert (née Burford), veterana escritora británica nacida en 1906 y fallecida en 1993, verdadero pilar fundacional de la novela romántica que había cosechado ya incontables seguidoras (y algún que otro seguidor) cultivando el romance histórico con el nombre de Jean Plaidy, la saga familiar como Philippa Carr y otras variantes, incluyendo el crimen y el misterio, utilizando seudónimos como Eleanor Burford, Kathleen Kellow, Anna Percival y otros, pero siempre con el denominador común del romance.

 

II

Gótico al por mayor

 

Victoria Holt puso en el mapa comercial el romance gótico a la misma o mayor altura, en pleno apogeo del libro de bolsillo, que el wéstern, el policial, el terror o la ciencia ficción. Entre 1960 y el año mismo de su muerte, 1993, publicó 32 novelas que exploran y explotan todas las variaciones posibles e imposibles del subgénero. Pero, más aún, impulsó la aparición de numerosas colecciones de bolsillo que coparon el mercado editorial con autoras y algunos autores profesionales volcados en el gótico, casi siempre con seudónimo femenino, como Tom Huff, que se transformó en Edwina Marlow, Katherine St. Clair, Beatrice Parker y Jennifer Wilde; Michael Avallone, que adoptó el de Edwina Noone, e incluso Julian Fellowes, creador de la franquicia de Dowtown Abbey, que escribió un puñado de romances históricos de tonalidades góticas como Rebecca Greville.

 


Los escaparates y estanterías de librerías y bibliotecas se vieron invadidos por coloristas portadas que recreaban con gracia los tropos, tópicos, paisajes y personajes típicos del género. Jóvenes muchachas atravesando páramos ventosos en dirección hacia amenazadores caserones, castillos y mansiones; portando lámparas de bujía mientras suben sombrías escaleras de caracol; en brazos de fornidos galanes que sin embargo tienen un sospechoso brillo de codicia o lascivia en su mirada; sentadas en carruajes de época recorriendo bosques de sombras y verde oscuridad. Pero también puestos al día: enfermeras aisladas en un no menos ominoso pero moderno sanatorio u hospital vacío; paradas junto a su descapotable averiado en mitad de una carretera solitaria o con elegante traje de noche mirando la inmensidad del mar desde la cubierta de un yate de lujo, mientras a sus espaldas acecha la sombra de su amante, su asesino… O ambas cosas a la vez.

 

Es lo que podríamos llamar serie B literaria de aquellas autoras anteriores más prestigiosas. La exploitation del género, si se prefiere. Como tal, usa y abusa de los tropos hasta convertirlos en tópicos, rozando el ridículo y lo paródico, pero también como tal posee un encanto y fascinación insoslayables. A España llegaron en alas de las colecciones de bolsillo editadas por Bruguera y Molino, sobre todo, mientras Victoria Holt y aquellas de mayor renombre eran publicadas en tapa dura o en rústica de gran tamaño por editoriales como Argos Vergara, Grijalbo, Planeta o Plaza & Janés. La fiebre se extendió hasta el mercado del bolsilibro español, donde escritoras como María Teresa Sesé, Encarnación Aragoneses o hasta la veterana Corín Tellado, incluyeron elementos típicamente góticos en sus novelas “rosa”, como se las llamaba aquí por ese entonces, publicadas por Toray o Bruguera.

 


El cine revivió el género a su modo, siguiendo los pasos de los nuevos y viejos best-sellers góticos que copaban las librerías. Muchos de los films antes nombrados serían objeto de sendos remakes o puestas al día durante las décadas de los sesenta y setenta, surgiendo también algunas curiosas mutaciones, dignas de estudio aparte, como la hagsploitation: las granguiñolescas películas de “viejas malvadas”, nacidas al calor del éxito de ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane? Robert Aldrich, 1962), que a veces también incluían la presencia de alguna joven sola o en pareja, atrapada por las locas maquinaciones de perversas ancianas interpretadas por antiguas estrellas en decadencia… O a la inversa.

 

Una prueba definitiva de la moda arrolladora del romance gótico la encontramos en la sorprendente aparición de varias líneas de cómic descaradamente influidas por el género. Entre 1971 y 1974, DC Comics publicó las series The Sinister House of Secret Love, que tras cuatro números cambió su nombre por el de Secrets of Sinister House, y Forbidden Tales of Dark Mansion, que seguían la tradición de comic-books antológicos de terror anteriores como The House of Secrets y The House of Mystery, pero ahora con descarado sesgo romántico, mientras su competidora Charlton Comics editaba Haunted Love de 1973 a 1975, y la Atlas/Seaboard Comics publicaba un único número de la revista de cómic Gothic Romances. Hasta Marvel cedió a la tentación gótica con su heroína Night Nurse, que contó con cuatro números de suspense médico-gótico-romántico entre 1972 y 1973. ¿Se podía llegar más lejos, en un tiempo en el que el mundo del cómic era básica y principalmente para consumo masculino de la muchachada imberbe? Probablemente no.

 

El romance gótico en formato comic-book

Aunque muchas de la escritoras (y escritores travestidos) de novela gótica fueron precursoras de la liberación y el empoderamiento de la mujer, presentando a menudo personajes femeninos fuertes, sexualmente activos, independientes y autosuficientes, tanto entre sus heroínas como entre sus villanas, demasiados de los tropos del género chocaban con el feminismo más militante y radical, así como con el papel que asumiría la mujer durante el tercio final del siglo XX. Si bien nunca ha desaparecido ni desaparecerá del todo, transformándose, mutando e infiltrándose en el southern gothic,  el romance paranormal, el steampunk, el romantasy, el domestic noir, la urban fantasy y otras tendencias metagenéricas actuales, gran parte del carácter, iconografía y estilemas propios del romance gótico original y sus secuelas de genuina exploitation parecen difícilmente asumibles hoy.

 

Su naturaleza eminentemente heterosexual, sus heroínas, villanos y héroes de perfecta belleza (o fealdad) normativa, además de generalmente blancos y anglosajones; sus escenarios a veces exóticos, tratados habitualmente con ojo etnocéntrico y colonialista, su obsesión sadomasoquista con la violación y la tortura (física y psicológica), su fascinación por las clases altas, la aristocracia, el lujo y el exceso (aunque sea supuestamente para ponerlos en evidencia), su enfoque freudiano de los traumas psicológicos, sus antihéroes masculinos byronianos, “bellos tenebrosos” a quienes las mujeres se entregan sin dudar pese a que rocen a veces el maltrato (y si resultan ser villanos lo superen de largo), así como la abundancia de personajes femeninos abiertamente perversos, femmes fatales que lo son sobre todo para las protagonistas, mostrando la cara oscura de la sororidad, unido todo a la imagen arquetípica de la joven desvalida en peligro, con su salto de noche transparente, a punto de caer en manos del malvado de turno al tiempo que encontrando refugio en el atractivo, atildado y masculino héroe al rescate, resulta demasiado para ser admitido en el concierto cultural del siglo XXI. Al menos, de puertas afuera, claro.

 

De puertas adentro, en el interior de nuestro castillo (ya se sabe: virtudes públicas, vicios privados), el mercado de segunda mano sigue proveyendo a lectoras y lectores de todos estos placeres prohibidos a muy bajo precio, al igual que numerosas publicaciones virtuales, fanfiction y novelas digitales que tanto a través de páginas de pago legales como Amazon (con precios ridículamente bajos) como de forma gratuita, siguen publicando autoras y autores actuales, a veces ocultos bajo seudónimo a la antigua usanza, que abundan desvergonzadamente en todos estos y otros tópicos del género, sin importarles lo más mínimo entrar en abierta contradicción con el credo políticamente correcto actual que muchas, muchos y muches afirman profesar.

 

Gothic goes Drag

Por otra parte, la gran paradoja es que el romance gótico tradicional, con todas sus características y en todas sus versiones (literaria, cinematográfica, televisiva y hasta de tebeo) descritas más arriba, es territorio netamente camp, abonado por el kitsch, el melodrama, el exhibicionismo, el culebrón, las grandes damas, el lujo, el fetichismo, el glamour, la estética y el humor involuntario para la apropiación y el disfrute más descarados desde la mirada queer; sus heroínas, modelos pluscuamperfectos para la escena drag, y sus héroes y villanos no menos perfectos para cualquier fantasía sadomaso gay. En definitiva, por muy aparentemente pasado de moda que parezca estar el romance gótico, aún queda mucho por rascar y disfrutar. Y una buena muestra de ello es la recuperación por parte de La biblioteca de Carfax de un título olvidado, que destaca muy por encima de la media por su calidad e interés y por haber sido objeto de una excelente adaptación cinematográfica en pleno momento álgido del género: Pesadilla bajo la lluvia, de Naomi A. Hintze.

 

III

Pesadillas góticas femeninas

 


Nacida en 1909 y fallecida en 1997, Naomi A. Hintze publicó Pesadilla bajo la lluvia (You´ll Like My Mother, por su título original) en 1969, cuando la fiebre gótica iniciada por Victoria Holt se encontraba en su mejor momento. Procedente de Illinois, se estableció junto a su esposo, Harold Sanborn Hintze, en Charlottesville, Virginia, por un motivo fundamental: la Universidad de Virginia era la única que presumía entonces de poseer una división dedicada a la parapsicología. Naomi era una estudiosa apasionada de los fenómenos paranormales, miembro de la American Society of Psychical Research, y además de hacerse un cierto nombre como autora de misterio y thriller, escribió varias obras de no ficción acerca de estos temas y otros afines. De hecho, el único libro, al menos que yo sepa, de Naomi Hintze publicado en España antes de la aparición de Pesadilla bajo la lluvia, es, precisamente, El reino de lo psíquico, escrito en colaboración con Joseph Gaither Pratt, publicado originalmente en 1975 y editado en nuestro país apenas tres años más tarde, en 1978, por la editorial Argos Vergara. Eran también buenos tiempos para el mundo de lo paranormal y lo que entonces se denominaba “realismo fantástico”, que no mágico.

 


Sin embargo, lo que aquí nos interesa es su no demasiado prolífica pero intensa carrera como escritora de suspense. Tras el éxito de su debut como novelista —anteriormente había publicado un buen número de relatos desde los años cuarenta en revistas como Good Housekeeping, Woman´s Journal, Woman´s Home Companion, Ladies Home Journal o Redbook Magazine, entre otras—, publicó seis novelas más: The Stone Carnation (1971), Aloha Means Goodbye (1973) —adaptada a la pequeña pantalla en 1974 en un telefilm dirigido por David Lowell Rich, protagonizado por Sally Struthers, Joanna Miles y James Franciscus—, Listen, Please Listen (1974), Cry Witch (1975), Ghost Child (1983) y Dream of Falling (1983), todas ellas misterios góticos, algunos con ciertos toques fantásticos o sobrenaturales acordes con sus intereses personales pero sin llegar, con un par de excepciones, a adueñarse de la trama. Ninguna de ellas alcanzó el renombre y beneplácito crítico de Pesadilla bajo la lluvia, que llegaría a ser finalista del prestigioso premio Edgar a la mejor primera novela de misterio.

 

No es de extrañar. La opera prima de Naomi A. Hintze es una perfecta pieza de gótico puesto al día, que enlaza en sus poco más de doscientas páginas la tradición de Ann Radcliffe con el gótico de la América profunda, a través de una intriga ejemplar en su sencillez y efectividad. Encontramos aquí todos los elementos del género, dispuestos de manera inteligente, aggiornados de tal forma que se benefician enormemente del nuevo decorado estadounidense así como de las circunstancias históricas y sociales del momento.

 

La protagonista es, por supuesto, una joven en apuros, pero también un caso típico de “rebelde sin causa” perteneciente a la generación perdida de los sesenta: Francesca ha sido poco menos que expulsada de su hogar de clase media alta por un padre severo y una madrastra a la que mira con recelo (su madre natural falleció al darla a luz). Para colmo de males, está embarazada, en estado ya muy avanzado, pero su marido y padre del futuro niño acaba de fallecer en un accidente cuando era trasladado hacia Vietnam para entrar en combate. Ante un futuro incierto y antes de tomar una decisión irreversible acerca de su descendencia, dándola en adopción al nacer, la joven madre decide visitar a su suegra, la señora Kinsolvig, pese a que esta no ha contestado a sus cartas ni dado señales de vida.


Diferentes ediciones de You´ll Like My Mother

Matthew, su difunto y amado esposo, le había asegurado: “te gustará mi madre”. Y con esa única carta de presentación Francesca se planta en la vieja finca familiar de los Kinsolvig, en las proximidades de Always, un pequeño y triste pueblo de Ohio, a orillas del río del mismo nombre. Cuando se abren las puertas de la mansión, que en la lejanía parece un auténtico castillo medieval trasladado al Medio Oeste, torreón incluido (como puede verse en la excelente portada de la edición española), ante la muchacha embarazada aparece una altiva dama, de cabello blanco y algo ajada, con mirada dura y gesto adusto, que la invita a pasar sin amabilidad alguna. El misterio, el suspense y el melodrama están servidos, esperando en el interior del viejo caserón, con sus tiros de escaleras, su torréon-desván, sus oscuras habitaciones y siniestros retratos familiares en los pasillos. Fuera, no llueve, diluvia. No ha sido difícil entrar, pero… ¿será igual de sencillo salir viva de allí?

 

Como se ve, no falta un condimento para la receta del perfecto romance gótico clásico, lo que nos permite también comprobar una vez más cómo estos nos remiten directamente a los cuentos de hadas tradicionales. Esas cautionary tales de origen folclórico con sus recurrentes héroes y heroínas huérfanos o repudiados, generalmente por una madrastra celosa, que, abandonados y perdidos, buscan refugio en algún castillo o casita de chocolate habitado por ogros, brujas, fieras o bandidos sanguinarios. Al tiempo, Hintze introduce en su relato una serie de aspectos netamente contemporáneos que adoptan y adaptan plenamente los modos gótico-feéricos a la modernidad, dotándolos del singular color de su tiempo, subrayando la plasticidad eterna de estos motivos: el marido soldado muerto en Vietnam; el autobús estilo Greyhound que lleva a Francesca hasta Always, en sustitución del viejo y traqueteante carruaje de caballos; el inconformismo de la protagonista, expulsada de un hogar burgués que detesta, para acabar malviviendo sola en las playas de California; las alusiones al problema de la maternidad para una mujer sola, soltera o viuda y, más adelante, otras al LSD y el tópico de las drogas, en pleno debate público en 1969, año de la publicación original del libro, son elementos que sitúan plenamente Pesadilla bajo la lluvia en un contexto moderno, otorgando verosimilitud y credibilidad a los melodramáticos acontecimientos que tendrán lugar tras la llegada de Francesca.

 

Uno de los aciertos de Hintze es, precisamente, ser capaz de concentrar en pocas páginas y sin descuidar nunca el hilo conductor de la claustrofóbica aventura de su atribulada protagonista, que se desarrolla en apenas unos días (y noches), una verdadera avalancha de componentes propios de la soap opera (o culebrón, si se prefiere) más desquiciada: una familia venida a menos al borde de la ruina, enfermedades genéticas que se transmiten de generación en generación, abusos y violencia intrafamiliares, celos entre hermanos, engaños y mentiras, una desgraciada muchacha deficiente mental, un parto en secreto a punto de transformarse en infanticidio, diálogos ácidos y crueles, actividades criminales ocultas... Puro melodrama que se va desgranando al tiempo que crecen el suspense, la angustia y hasta el terror en una sucesión de escenas no menos propias del romance gótico: drogas en la bebida, inyecciones forzadas, alusiones a lo paranormal (que en esta ocasión no pasan de ser alusiones), ruidos nocturnos, presencias sospechosas, puertas cerradas con llave por fuera, una gata siamesa enredando (desde Poe no hay crimen gótico sin gato encerrado) y un galán fuera de escena cuyos intentos frustrados por rescatar a la dama en peligro resultan eso: frustrantes.

 

V. C. Andrews y sus Flores en el ático (1979)

Pesadilla bajo la lluvia, con su ingenioso traslado de los tropos del romance gótico victoriano al estilo Wilkie Collins y Le Fanu al escenario, el ethos y el pathos del moderno American Gothic, es todo un antecedente de los best-sellers en absoluto desdeñables de V. C. Andrews, cuyas Flores en el ático se publicarían exactamente una década después, en 1979. Y si sumamos a todo ello el clima torrencial bajo el que se desarrolla la acción, cuyas tormentas y lluvias aíslan durante días a la protagonista en el interior de su inesperada prisión, con las pinceladas paisajísticas justas y necesarias, no podemos dejar de evocar también los hoy tan populares libros de la saga de Blackwater, creada por Michael McDowell en 1983 y que, más que en la liga de Faulkner o Capote, como han querido hacer ver algunos, juegan en el mismo campo que Naomi A. Hintze, V. C. Andrews o, ¿por qué no?, Victoria Holt, sin que ello suponga menosprecio alguno.

 

https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/20240525/terror-culebron-familiar-claves-exito-blackwater-saga-arrasa-anos-despues/857664644_0.html

 

Como es propio del romance gótico de misterio, Pesadilla bajo la lluvia se nutre de los miedos y terrores femeninos más profundos, retratando a su protagonista embarazada como víctima propiciatoria aparentemente indefensa atrapada en un mundo amenazador. Rodeada de sombras masculinas de pesadilla (el marido ausente, el padre que la repudia, el asesino invisible...), pero sobre todo a merced de una siniestra mujerona posesiva, avariciosa y cruel, que aparenta encarnar hipócritamente los valores tradicionales familiares de un viejo orden establecido basado en la represión, la mentira y la farsa criminal. Un orden contra el que de una forma u otra, pese a las dificultades, se rebelará nuestra heroína, consiguiendo no solo escapar al negro destino que le ha sido cuidadosamente preparado, sino desbaratando por completo los planes de sus enemigos, creciendo personalmente en el proceso para asumir plenamente su poder, voluntad y autonomía.   

 

En 1972, Pesadilla bajo la lluvia dejó de mojarse para convertirse en Pesadilla en la nieve, más que correcta adaptación cinematográfica del libro —cuyo título original respeta también el de la novela: You´ll Like My Mother, haciendo referencia ambos a la ya citada frase que a menudo recuerda su aterrada protagonista—, dirigida por el siempre eficaz Lamont Johnson. Tan perfectamente funcional bajo un temporal de nieve como inundada por las lluvias, este no es el único ni el mayor de los cambios que introduce en la historia el guión firmado por Jo Heims, escritora recordada por sus colaboraciones con Clint Eastwood, tanto en Harry el sucio (Dirty Harry. Don Siegel, 1971) como en el thriller psicológico, gótico y seminal, Escalofrío en la noche (Play Misty for Me. Clint Eastwood, 1971), carta de presentación más que adecuada para su nueva incursión en el género.

 

Edición española en Blu-ray de Pesadilla en la nieve

Pesadilla en la nieve es buen ejemplo de fidelidad a la atmósfera y la esencia del original literario en que se basa, al tiempo que sabe inyectar en este su propia personalidad, gracias a nuevos elementos, que no solo hacen agradable su visionado tanto para quienes no hayan leído la novela como, y eso es lo fundamental, para quienes sí lo hayan hecho, sino que incluso la mejoran en algunas aspectos que quizá podían parecer ya entonces algo anticuados o pasados de moda.

 

El film de Johnson cambia la motivación y personalidad de los villanos, especialmente del misterioso extraño masculino que acecha en la oscuridad, introduciendo un turbio subtexto incestuoso perfectamente adecuado al clima de Gótico Americano omnipresente. Si el personaje de la señora Kinsolving en la novela se nos antoja un poco en la línea de una Ma Barker o de alguna matrona de familia delincuente del Sur o el Medio Oeste, digna de aparecer en La ley de Raylan (Justified, 2010-2015), en la película, donde es encarnada por una espléndida, gélida y cínica Rosemary Murphy (indispensable en cualquier antología de la hagsploitation que se precie), adquiere connotaciones más propias de la inefable mamá de Norman Bates, gracias también a la presencia de un jovencísimo, atractivo e inquietante Richard Thomas. Tanto Patty Duke, como la ingenua y embarazada Francesca, como Sian Barbara Allen como la retrasada pero dulce Kathleen, que cobra también mayor relieve en la versión cinematográfica, bordan sus papeles, mientras el guión gira en su resolución final hacia un sórdido terreno psicopatológico más que meramente delictivo, a diferencia una vez más de la novela, ganándose definitivamente a los espectadores más afines al morboso gótico americano post-Psicosis (Psycho. Alfred Hitchcock, 1960).

 

La señora Kinsolvig (Rosemary Murphy) y su inquietante hijo (Richard Thomas). No hay amor como el de una madre

Estamos ante un notable ejemplo de ese suspense psicológico que recoge en el Nuevo Hollywood la herencia del noir “para señoras” de los cuarenta, caracterizado en este caso por dejar de lado la violencia explícita y la sangre, para dar primacía a la atmósfera, apoyándose en la estupenda fotografía tenebrista (sin ser oscura) de Jack A. Marta —responsable entre otras también de El diablo sobre ruedas (Duel. Steven Spielberg, 1971)—, la banda sonora del compositor de jazz Gil Mellé —que poco antes había creado los vanguardistas sonidos del technothriller de ciencia ficción La amenaza de Andrómeda (The Andromeda Strain. Robert Wise, 1971)— y el fantástico diseño artístico de Bill DeCinces, de quien supuso su último trabajo para el cine. Como truculenta curiosidad, cabe añadir que la película fue rodada en la impresionante mansión Glensheen, en Duluth, Minnesota, que años más tarde se convertiría en escenario de los asesinatos de la rica heredera Elizabeth Mannering Congdon, paralizada en una silla de ruedas, y su enfermera de noche, Velma Pietila, a manos de su yerno Roger Caldwell y la esposa de este, Marjorie, a su vez hija adoptiva de la millonaria viuda. La vida no solo imita al arte, sino también al suspense gótico.

 

Glensheen Mansion en Pesadilla en la nievela verdadera casa gótica del horror

Pesadilla en la nieve, siempre fiel al espíritu de la novela, es un film que puede codearse sin pudor junto a otros psychothrillers de la época en la misma vena (yugular, que diría Hitchcock) como Te espera la muerte, querida (Fanatic, 1965), de Silvio Narizzano, con guión de Richard Matheson sobre la novela de Anne Blaisdell; Aquel día frío en el parque (That Cold Day in the Park, 1969) de Robert Altman; Instinto criminal (The Killing Kind, 1973) del gran Curtis Harrington, experto en estas lides, o las ya algo más tardías Ventanas (Windows, 1980) de Gordon Willis y Muerte en el invierno (Dead of Winter, 1987) de Arthur Penn, según novela de Anthony Gilbert. Un territorio gótico que el Nuevo Hollywood acabaría deslizando hacia el slasher en las décadas siguientes.

 


Hay que felicitar una vez más a La biblioteca de Carfax por tener el buen gusto y atrevimiento de publicar entre nosotros Pesadilla bajo la lluvia, apostando no sólo por el mejor terror clásico o por el más actual, como viene haciendo habitualmente, sino también por esta variedad injustamente menos prestigiosa, además de menos recordada, del misterio gótico, que sin embargo ofrece sobrados alicientes para el amante de lo macabro, la intriga y el terror no necesariamente fantástico.

 

Durante varias décadas, el mundo del romance gótico moderno, del suspense psicológico, el misterio romántico, histórico o contemporáneo, histérico o sutil, representado tanto por grandes autoras como Daphne Du Maurier y Margery Lawrence como por excelentes profesionales como Victoria Holt, Mary Stewart o Anya Seton, nos ofreció un panorama escalofriante, sensual y apasionante, dotado a menudo de cierta perversa profundidad de fondo, de los terrores, los sueños, deseos, pesadillas y fantasías del mundo secreto femenino, que también habitamos los hombres. Entre sus páginas, quedan aún muchas por recuperar y disfrutar.

 

Tras leer Pesadilla bajo la lluvia es difícil no tener ganas de seguir picoteando en el resto de la producción literaria de su autora. Llaman la atención especialmente obras como Cry Witch (1975), no tanto por su engañoso título como por transcurrir en... ¡Mallorca!; Aloha Means Goodbye (1973), que se desarrolla en la exótica Hawai y como ya vimos fue convertida en clásico telefilm de medianoche (esos “estrenos televisión” de antaño); o como Ghost Child (1983), una de las que más directamente introduce el elemento sobrenatural.


Portada de Cry Witch, un romance gótico en... Mallorca

Pero no se trata sólo de Naomi A. Hintze. Quedan muchos clásicos asociados a este género que sin duda merece la pena editar y traducir, como Day of the Arrow (1964), novela del británico Robin Estridge publicada con el seudónimo de Philip Lorain que serviría de base para el espléndido film de folk horror gótico El ojo del diablo (Eye of the Devil, 1966) de J. Lee Thompson; Midnight House (1945) de Ethel Lina White, llevada al cine el mismo año de su publicación por Lewis Allen como la ya citada The Unseen, conocida en España por el título de Misterio en la noche, o Nightmare (1961) de Elizabeth Linington con el nom de plume de Ann Blaisdell, filmada por la Hammer en 1965 como la también citada Fanatic, estrenada en España como Te espera la muerte, querida. Por citar algunos títulos destacados que conocieran notables versiones cinematográficas asociadas al mejor cine de suspense noir y de terror.

 

Películas de culto y cultos de película: Recuperando un clásico olvidado del Folk Horror | Jesús Palacios 

 

Esperemos que nuestras nuevas y viejas editoriales especializadas en horror, crimen y misterio sigan excavando entre las góticas ruinas literarias de unos tiempos no por lejanos menos fascinantes y ricos en escalofríos y terrores. Al fin y al cabo, la esencia del gótico no es otra que dejarnos atrapar por un pasado amenazador que vuelve para arrastrarnos con él hacia la oscuridad y el olvido. Eso sí: leyendo cómodamente sentados en nuestro cálido salón, bajo tormentas y lluvias torrenciales tan sólo de ficción.

 

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https://www.articulo14.es/cultura/elizabeth-sanxay-holding-dama-desconocida-novela-negra-20260208.html

 

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MISTERIO A LA FRANCESA - "La cámara ardiente" | Jesús Palacios 

 

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ARDE, BRUJA, ARDE | Jesús Palacios 

 

CASAS, CASOS Y COSAS DE LOCOS | Jesús Palacios 

 

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 Jesús Palacios 😈





 

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