ANNA - Las chicas de Besson | Rakel S.H.




























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Valoración: Muy buena película del maestro Luc Besson. Una historia llena de acción y glamour, inteligente, dinámica, con heroína sexy y poderosa y actores interesantes… ¿Qué más se puede pedir?

2019
Acción, thriller
Dirección y guion: Luc Besson
Música: Éric Serra
Dirección artística: Gilles Boillot, Stéphane Robuchon
Reparto: Sasha Luss, Luke Evans, Cillian Murphy, Helen Mirren, Eric Godon, Lera Abova


Las chicas de Besson

Al margen de las nuevas convenciones que, sin embargo, nos parecen tan anticuadas y puritanas, Luc Besson sigue haciendo buenas películas de chicas bellas con pistolas. Anna nos cuenta la historia favorita del director —mujer joven cambia de vida metiéndose en otra mucho más complicada y peligrosa que le exige ser la mejor asesina/espía/profesión similar— para hacernos disfrutar de nuevo con sus inigualables escenas de acción y su particular esteticismo. En esta ocasión, rechaza la linealidad y nos sorprende con juegos narrativos, saltando adelante y atrás en el tiempo, como si miráramos a través de cámaras de vigilancia en diferentes momentos de la trama, para revelarnos poco a poco el desenlace.

Las chicas de Besson son, ante todo, supervivientes. Porque la belleza no va reñida con el empoderamiento, Anna es una joven a la vez pasional y calculadora, una mujer fatal de rostro dulce, que sabe utilizar su sexualidad y su inteligencia para alcanzar su objetivo: la libertad. Como Nikita en Nikita, dura de matar (1990), Leeloo en El quinto elemento (1997), incluso como Lucy (2014) o Juana de Arco (1999), se nos presenta el arquetipo femenino que se adapta a un medio hostil y avanza como puede hacia su destino por la rápida corriente de los acontecimientos. Para Besson, no existen ni el sexo ni la violencia gratuitos, forman parte fundamental y lógica de la trama —como de la vida misma— y sus personajes no son criaturas asexuadas ni apáticas. Tanto Anna como sus atractivos co-protagonistas Luke Evans y Cillian Murphy —gracias, amigo Luc, por darnos esta alegría para los ojos—, representan reconocibles paradigmas aunque desprovistos de cualquier maniqueísmo; aquí no hay buenos ni malos, sino sujetos vitales y apasionados que tratan de salir airosos de las dificultades que se les plantean.

Es lo que amamos de Luc Besson: nos recuerda la verdadera magia del cine con su propia voz de artista independiente y libre para contarnos simplemente una historia entretenida, sin grandes alardes, pretensiones ni dramatismos, sólo destinada al disfrute del espectador.

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